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El hechizo tropical que los pétalos de Ylang Ylang ejercen sobre el aire, desciende a un lecho de hojas secas de tabaco, maderas antiguas y resinas encendidas. Su dulzura frutal y envolvente es atraída por la tierra oscura del pachulí y cedro, mientras la mirra y la madera de oud levantan espirales de humo alrededor de una flor que parece arder desde adentro.
En el corazón de esta composición, las iononas y el iris dibujan un velo empolvado que acaricia la oscuridad con la misma dimensión tersa, íntima de la piel.

Madera resinosa. Origen: Asia tropical. Una de las materias más preciadas de la perfumería oriental, nacida cuando el árbol de agar desarrolla una resina oscura y aromática como respuesta a una infección. Su transformación convierte la madera en algo denso, profundo y extraordinariamente persistente: ahumado, balsámico, animal, amaderado y ligeramente dulce. Hay en él una sensación de madera antigua, tierra húmeda y resina quemada. Aporta al perfume su dimensión más oscura y misteriosa, una materia que parece haber absorbido años de tiempo.
Flor. Origen: Filipinas. Su nombre significa “flor de flores” y su perfume tiene la exuberancia de una flor tropical en plena madurez. Dulce, cremoso, floral, afrutado y ligeramente especiado, despliega facetas de banana madura, jazmín, miel y flores blancas. Su sensualidad es expansiva, narcótica y solar. En esta composición abre una dimensión voluptuosa y luminosa que contrasta con la profundidad oscura de las maderas, el tabaco y las resinas.
Hoja. Origen: América tropical. Una planta profundamente ligada a las culturas originarias de América, donde sus hojas fueron utilizadas durante siglos en ceremonias, ofrendas y prácticas rituales. Una vez curada, desarrolla una riqueza aromática compleja: seca, dulce, cálida y ligeramente amarga, con matices de miel, heno, cuero, madera y fruta seca. Su presencia aporta una sensualidad madura y envolvente, como una hoja calentada por el sol y lentamente transformada por el tiempo.
Flores tropicales de ylang ylang, hojas de tabaco curadas al calor, raíces terrosas de pachulí, astillas de cedro antiguo, resinas oscuras de mirra, madera de oud humeante y un velo aterciopelado de iris e iononas.
Crea notas únicas en cada piel
Tomá la cantidad deseada de bálsamo perfumado y calentálo suavemente entre los dedos antes de aplicarlo en los puntos de pulso (muñecas, la parte interna del codo, la nuca, el escote) o donde prefieras con suaves movimientos circulares, dejando que el perfume se seque al aire. Los perfumes sólidos funcionan mejor en contacto con el calor y resultan ideales para los días cálidos de verano, o cuando se aplican bajo el cuello de una camisa al bajar la temperatura.
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