

Un manjar para los sentidos: nutre en profundidad y actúa sobre el sistema nervioso a través del olfato. Las resinas —incienso, mirra, benjuí, ládano— bajan la frecuencia respiratoria y aflojan la mandíbula, señal de descenso que el cuerpo reconoce desde los templos milenarios. El cedro y el pátchuli anclan; el haba tonka, la vainilla y el ylang ylang suavizan ese fondo terroso con una calidez que distiende, sobre todo en pecho y hombros.
Sobre la piel, estos mismos activos trascienden el aroma: sostienen la calma y la regeneración cutánea, mientras las mantecas vegetales llevan ese efecto hasta la piel, para una humedad profunda y duradera.

Forma una barrera oclusiva rica en ácidos grasos que sella la humedad y protege del frío y el viento
Repleta en vitaminas A y E, repara y calma la sequedad e irritación típicas del invierno
Reduce las líneas finas, rejuvenece y protege las células sanas de la piel.
Valorado por su acción antiinflamatoria, antiséptica, despigmentante, cicatrizante y antimicótica.
Equilibra la piel y aporta un fondo amaderado que ancla y da estabilidad
Butyrospermum Parkii Butter, Theobroma Cacao Seed Butter, Cocos Nucifera Oil, Zea Mays (Corn) Starch, Simmondsia Chinensis Seed Oil, Styrax Benzoin Resin Extract, Cistus Ladaniferus Resin Extract, Vanilla Planifolia Fruit Extract, Dipteryx Odorata Seed Extract, Cedrus Atlantica Wood Oil, Pogostemon Cablin Leaf Oil, Commiphora Myrrha Oil, Myrocarpus Fastigiatus Wood Oil, Tocopherol.
BALSÁMICO, AMADERADO, CÁLIDO, LIGERAMENTE HERBAL
CREADO PARA TODAS LAS PIELES
Tomá una pequeña cantidad con las yemas de los dedos y derretí la manteca hasta convertirla en aceite. Masajeá suavemente toda la piel del cuerpo. Repetí diariamente o cuando se presente sequedad y malestar.
